LA FRASE

"ESTAMOS A FAVOR DEL VOTO ELECTRÓNICO PORQUE ES PREFERIBLE QUE EL ESCRUTINIO YA VENGA HECHO POR UNA MÁQUINA, ANTES QUE TENER A UN MONTÓN DE EMPLEADOS PÚBLICOS COBRANDO HORAS EXTRAS POR MIRAR UNA PANTALLA SIN HACER NADA." (ADRIÁN PÉREZ)

sábado, 19 de agosto de 2017

SATISFACCIÓN GARANTIZADA


CORRER UNA PICADA NOCTURNA NOS CUESTA MÁS DE 3 MILLONES DE PESOS


Ayercito nomás veíamos acá en el diario del Loco Lindo como nuestro alcalde campeón presentaba la carrera del TC 2000 de éste año que se corre en la ciudad.

Y en la que -como siempre- el Estado pone la pelusa, y los privados hacen los negocios; incluyendo al Grupo Clarín que tiene los derechos de televisación.

Como todos saben, uno de los "chiches" de la carrera es que es nocturna, así nos hacemos a la idea que estamos en Singapur o Bahrein, ponéle.

Faltaría que el puerto tenga un barco o dos, y pareceríamos Montecarlo, pero desde que se fue el Sampán, eso se complica.

Como sea, correr de noche y televisado exige una iluminación especial (que no es la común para andar de noche por Alem y 27 de Febrero).

Y eso cuesta, algo más de 3 millones de pesos, que éste año a Corral se los fondea Macri; siempre atento a facilitarle los negocios a Clarín.

Lo que no se entiende es por qué no compran los focos y los dejan puestos, en lugar de volverlos a comprar y colocar todos los años, gastando otra vez.

¿O es porque gastan mucha luz?

SEPAREMOS LA PAJA DEL TRIGO


Tuvo bastante repercusión ésta nota de Natanson en Página 12 del jueves en la que ensaya una posible explicación de las razones del respaldo electoral al gobierno; incluso dentro del propio diario: acá Martín Granovsky le contesta lo de la “nueva derecha democrática” que ya viene siendo un empecinamiento del autor, contra múltiples evidencias en contrario que su colega señala, y compartimos.

Comencemos por decir que compartimos la preocupación central de Natanson, en torno a tratar de entender (hasta donde nos sea posible) las razones del voto a los candidatos de “Cambiemos”, como un insumo indispensable -desde nuestra posición militante- para una praxis política más eficaz; y acordamos también con algo que señala, aunque parezca obvio: no se trata ver como percibimos nosotros al proyecto político que gobierna el país desde diciembre del 2015, sino de cómo lo perciben los que lo votan.

Sin embargo, en el análisis de la nota Natanson deja demasiados cabos sueltos que frustran el propósito inicial, porque además da por ciertos hechos que no son tales (es decir, los señala como constataciones propias, que influirían en la percepción de los votantes de “Cambiemos”), y omite otros que en nuestra opinión son decisivos para el análisis; e incluso en algunos casos contradicen sus propias constataciones.

Así por ejemplo cuando señala como un acierto (y coincidimos) el apego estricto del gobierno y sus candidatos a una “disciplina estratégica” para seguir el libreto trazado, omite señalar que éste no podría desplegarse eficazmente sin el impresionante blindaje mediático del que gozan; que funciona en dos sentidos: por un lado ocultando o minimizando los patinazos de gestión del gobierno y discursivos de los candidatos (en los que Esteban Bullrich abundó, pero no fue el único), y por el otro, como piezas complementarias de un mismo y único dispositivo.

En efecto, los medios no solo “comparten” agenda con el gobierno o se la imponen, sino que van mucho más allá: operan en conjunto, y con movimientos perfectamente aceitados, que suponen además generosas contraprestaciones del aparato estatal para los intereses que esos medios representan, desde la pauta publicitaria hasta la televisación del fútbol o los negocios el 4G y la telefonía celular. Es decir, en otras palabras, si vamos a describir el aceitado dispositivo político y comunicacional en el que se sustenta la eficacia electoral del gobierno, hagámoslo de un modo completo, con todas sus piezas y con el rol que cada uno cumple; sin lo cual los resultados no serían los que señala Natanson.

Otro tanto puede señalarse de la reivindicación que hace Natanson del “timbreo” como estrategia política y comunicacional, cuando señala con agudeza: “El efecto es individualizante. Lejos de las asambleas, las movilizaciones o cualquier otra forma de apelación colectiva, el timbreo es la operación ideal de la política macrista porque sintoniza con su concepción de la sociedad como una agregación de individualidades. Al limitarse a un contacto bilateral funcionario-vecino, el timbreo apunta a la particularidad de cada persona: la singularidad de su problema concreto prevalece sobre su condición de clase o filiación política, que es lo que al fin y al cabo lo que hermana a los individuos en una identidad común y lo que, en última instancia, los construye como iguales ”.

Lo apuntado es muy cierto, tanto como que no debemos perder de vista que se trata en esencia de una escenificación cuidadosamente preparada para que se proyecte por las redes sociales, y no de una verdadera práctica política horizontalizante, en condiciones abiertas al riesgo del intercambio ida y vuelta con los votantes: volvemos al blindaje mediático, que oculta precisamente la condición escenográfica de la metodología; sin la cual la eficacia de ésta se resentiría.

En otro orden de cosas, lo que apunta Natanson como un acierto del gobierno en cuanto a poner en los primeros lugares de la agenda la lucha contra el narcotráfico (más allá de los resultados concretos que obtenga, como él mismo señala) no explica por qué en los sectores sociales donde ese flagelo más golpea, es donde peor le fue a “Cambiemos” en términos electorales. Del mismo modo cuando apunta que el macrismo no apeló a políticas de shock, omite todos los casos de "prueba y error" que ensayó para luego retroceder, ante las protestas: si no avanzó más fue porque no lo dejaron, y porque -a diferencia del menemismo- no llegó al poder montado sobre una crisis; a punto tal que tuvo que "dibujarla" para intentar legitimar ciertas decisiones. 

También es muy cierto esto otro: “El macrismo ha logrado expresar también ciertas marcas de la época. Sus apelaciones a los valores pos-materiales, aquellos que van más allá de las necesidades cotidianas de supervivencia, resultan seductoras para las clases medias acomodadas en un contexto de hipersegmentación social, en donde los sectores más privilegiados llevan una vida más parecida a la de sus pares sociales de Nueva York o París que a los sufridos compatriotas que viven en el Conurbano, a un colectivo de distancia. Esto se verifica...en una revalorización de la cotidianeidad frente al sacrificio totalizante que exigía la militancia kirchnerista (Macri insiste con que sus funcionarios deben volver a casa antes de que anochezca a cenar en familia).

Pero no lo es menos que al mismo tiempo, muchas veces y con todas las letras fue el propio Macri el que dejó afuera de esos consejos a los trabajadores; a los que les pidió trabajar los sábados y domingos si hace falta, aceptar “ser flexibles” y resignar algunos derechos, como gozar de licencias por enfermedades o accidentes de trabajo. Allí los “valores pos-materiales” dan paso a preocupaciones más prosaicas de todo CEO, que son obligaciones mayores para cualquier trabajador.

Donde la nota empieza a pifiarla y feo, es cuando Natanson dice que “Cambiemos, ya lo hemos señalado, expresa una nueva derecha: democrática, dispuesta a marcar diferencias económicas con la derecha noventista, y socialmente no inclusiva pero sí compasiva.”. La aseveración (dicha como opinión propia y no como constatación de la que supone prevalente en los votantes del oficialismo) no resiste el menor análisis ante un gobierno que recortó beneficios como la AUH (casi hasta compensar la incorporación de los monotributistas), el Progresar, pensiones a la viudez y la discapacidad, los remedios a los jubilados; aumentó las tarifas de los servicios públicos esenciales a niveles insostenibles para muchos hogares, o dilata la solución del impacto del tarifazo para los electrodependientes.

Por la misma línea de pifias, tomando como base los dos mandatos de Macri como Jefe de Gobierno, señala que “...Macri no rompió el consenso en torno a la universalidad de los servicios públicos (no privatizó las escuelas ni los hospitales y no les prohibió a los bonaerenses, ni siquiera a los paraguayos, atenderse en ellos)..., (y) Esto no implica, aclaremos nuevamente, una evaluación positiva de su performance al frente del gobierno de ciudad, sino apenas reconocer que si se hubiera comportado de otro modo probablemente no hubiera ganado todas las elecciones porteñas desde 2007 y quizás tampoco la Presidencia.

Usar el caso porteño para traspolarlo en esas cuestiones al despliegue nacional del PRO, es como mínimo discutible: se trata de un distrito en el que cuestiones tales como el acceso a la educación y la salud públicas no tienen el mismo peso e importancia que en otros para gruesas porciones del electorado; amén que una “privatización” total en esas áreas no existe como tal en ningún lado, e incluso es inviable en términos económicos, porque el “mercado” no podría absorber todo lo que el Estado abandone. Por contraste y gestionando el Estado nacional, en 20 meses Macri se cargó el Plan Remediar, el Conectar Igualdad y la ley de financiamiento educativo; eso sí: sin pagar plenamente costos políticos por eso, lo que amerita al menos revisar ésta hipótesis..

Luego de constatar la sustancial identidad del programa económico de Macri con el del menemismo, Natanson señala que “...la decisión de no recortar el gasto público ni recurrir al despido masivo de empleados estatales, junto a la promesa de no reprivatizar las empresas públicas (ni siquiera aquellas que, como Aerolíneas, generan pérdidas), marca un contraste con los 90. El de Macri es un neoliberalismo desregulador, aperturista, anti-industrialista y, por supuesto, socialmente regresivo, pero no privatizador ni anti-estatista.

Otra vez, la realidad lo desmiente: sí recortaron el gasto licuándolo vía inflación (como en el caso de la AUH o las jubilaciones), techo a las paritarias estatales (como a las privadas) y negativa a convocar a la paritaria nacional docente para no transferir fondos compensatorios a las provincias, sí recurrieron al despido masivo al comienzo de la gestión, y si no privatizaron es porque no les da el contexto pero crearon las condiciones: así está pasando con YPF y Aerolíneas (estableciendo reglas de juego para favorecer a sus competidores), ahora con los trenes, con ARSAT deteniendo el desarrollo del plan satelital y encarando negocios oscuros al margen de la ley; y derogaron el “cepo” legal que le impedía a la ANSES desprenderse de sus participaciones en empresas privadas.

Y el neoliberalismo de Macri va más allá de “desregular”: es -por el contrario- un Estado que regula, pero a favor del capital y de los intereses y negocios privados, como pasa con las low cost, la eliminación de todos los controles al movimiento de capitales, la flexibilización de las normas del mercado de capitales; todo eso sin hablar de la presencia constante y permanente de conflictos de intereses (como el caso del Correo), sistemáticamente laudados en contra de los intereses públicos. 

No vale acá la excusa de que él supone que eso es lo que "ven" los votantes de "Cambiemos", porque sobre hechos falsos, no puede extraerse ninguna premisa verdadera: sería más certero decir que ven lo que efectivamente hizo, y no le dan importancia y aun así lo votan; o precisamente por eso -entre otras razones- lo hacen. De lo contrario llegaríamos al absurdo de una derecha competitiva electoralmente, apoyada en un electorado que rechaza ciertas ideas base de la derecha en cualquier lugar del mundo (menor presencia del Estado, apertura a la iniciativa privada, etc).

Dejamos para el final aquello en lo que coincidimos más ampliamente con Natanson: “Sucede que el neoliberalismo macrista incluye también una propuesta de justicia, sintetizada en la perspectiva de igualdad de oportunidades, la única referencia más o menos abstracta que el presidente se atreve a incluir en sus discursos. A menudo acompañada por exhortaciones a recuperar la “cultura del trabajo” y evitar “los atajos y las avivadas”, la igualdad de oportunidades es la respuesta que filósofos liberales notables, como John Rawls y Amartya Sen, han encontrado a las dificultades para congeniar igualdad y libertad en las sociedades contemporáneas. Aterrizada en la Argentina de hoy, la perspectiva encarna en el trabajador meritocrático, el verdadero sujeto social de esta nueva batalla cultural, y sintoniza con la tradición inmigrante que es parte constitutiva de nuestra cultura política: la idea de progreso en base al esfuerzo individual (a lo sumo familiar) que le permite al que llegó con una mano atrás y otra adelante progresar hasta ascender al mundo alfombrado de la clase media: el mito de “mi hijo el dotor”.”.

Ahí si va al hueso y señala el que es -para nosotros- el dato central de la percepción política de los votantes de “Cambiemos” (previo y por encima incluso de las percepciones que instalan los medios), y que quizás le hubiera ahorrado unas cuantas partes del artículo, que poco aportan al objetivo planteado: en ese párrafo apunta a un rasgo cultural arraigado que condensa una suma de prejuicios tan hondamente instalados en mucha gente que le hace perder de vista que la exhortación proviene (como previene el propio Natanson) de un grupo de herederos afortunados, que poco “esfuerzo meritocrático” han hecho para llegar adonde llegaron.

A riesgo de repetir lo dicho más arriba, volvemos a lo de la “...derecha democrática y renovada”, porque es el propio Natanson el que señala su importancia para su análisis cuando dice “Esa es la gran novedad, la noticia que la oposición debería registrar si de verdad desea ganarle en octubre”: a lo dicho por Granovsky en réplica en el mismo diario (historiando prolijamente los numerosos, graves y constantes retrocesos del gobierno en materia de compromiso democrático), sumemos que no parece ser ésta cuestión (la de si esta “nueva derecha” es verdaderamente democrática) algo que mayoritariamente desvele a sus votantes (es un error suponer que ciertos consensos democráticos alcanzan a toda la sociedad, de modo que haya que disimular cuando se los viola, o sea peligroso en términos electorales avanzar sobre ellos); que tienen razones mucho mas profundas para apoyarla, y de las que la propia nota da cuenta como vimos en los dos párrafos inmediatos anteriores.

viernes, 18 de agosto de 2017

CRISIS EN EL CONICET: SIGUE LA FUGA DE CEREBROS


FUERTE AUTOCRÍTICA DEL SOCIALISMO TRAS LA DERROTA: SE QUIEREN REMONTAR AL 2009


Sobre el proyecto de modificación de la ley de partidos políticos que rigen en Santa Fe que enviaría el gobierno a la Legislatura, leemos al ministro de Gobierno Pablo Farías en Edición Límite: "Adelantó que se moverán en esa dirección una vez pasadas las elecciones generales del 22 de octubre. “creemos que hay que reformar la legislación actual en torno a la conformación y sostenimiento de los partidos políticos en la provincia”.En esa línea, consideró que “hay muchos partidos que son un libro de actas y nada más” y, en buena parte, se debe por la permisividad de la legislación actual en La Bota. “La ley tiene un bajo nivel de exigencia en cuanto a actividades reales que deben las agrupaciones políticas como así también son muy pocas las causales de caducidad de los partidos”, indicó el funcionario.

En tanto, comentó que en la boleta única utilizada en las PASO de este domingo había “muchísimas listas de las que se desconoce si tienen vida más allá de presentar candidatos“. En ese sentido, agregó que pasados los comicios se evidenció dichas fuerzas, en los resultados, “tuvieron apoyos ínfimos”. El ministro señaló que a pesar de eso estos grupos reciben fondos del Estado y le quitan espacios a otros que “están activos, cuentan con candidatos y realizan actividades partidarias“."

Podría decirse que en términos generales estamos de acuerdo con el ministro: cualquiera que vote en Santa Fe sabe que, elección tras elección, proliferan los sellos de goma que no representan a nadie, obtienen una cantidad insignificante de votos elección tras elección y se mantienen al solo efecto de morderle el monedero al Estado con los aportes de campaña.

Lo curioso es que con la misma lógica de mezclar todo con la que hoy el gobierno de Macri aprovecha el bochorno del escrutinio provisorio para propagandizar el voto electrónico, allá por el 2011 el socialismo vendió la boleta única diciendo que iba a terminar con la dispersión de la oferta electoral que generaba la ley de lemas; derogada siete años en el 2004 por Obeid en su gobierno. Evidentemente la boleta única podrá servir para otras cosas (que aun están por verse), pero no para evitar la fragmentación política, porque muy por el contrario la favorece.

Pero volvamos al anuncio de Farías: al parecer el oficialismo provincial ha decidido salir del laberinto en el que lo dejó su desastrosa perfomance electoral del domingo pasado en las PASO reformando la ley de partidos políticos de la provincia, para hacer más exigentes las condiciones para crear un partido político, otorgarle la personería y que ésta subsista; cosa con la que no podemos más que estar de acuerdo.

La Ley 6808 (que data de 1972, aunque tuvo modificaciones menores) en efecto, no contiene demasiadas disposiciones para decretar la caducidad de un partido político, pero sin embargo hay una que sí establece en su artículo 44 inciso c) como una de ellas, no alcanzar como mínimo votos equivalentes al 3 % del padrón electoral, durante dos elecciones consecutivas. Claro que esa condición -como otras que dispone la norma, como realizar elecciones internas- las debe verificar al Tribunal Electoral de la provincia, que nada hace al respecto.

Pero lo más curioso es que cuando en el año 2009 se discutió exactamente la misma cuestión en la nación, el socialismo y sus socios en el Frente Progresista Cívico y Social votaron en contra, como se puede comprobar en las imágenes de las actas de la sesión de la Cámara de Diputados donde se trató la cuestión:


En efecto, por entonces Cristina había remitido al Congreso un proyecto de reforma política que luego terminaría siendo la Ley 26.571, que estableció la obligatoriedad de las PASO, la publicidad de campaña gratuita en los medios audiovisuales y también reformas a la Ley 23.298 que regula a las partidos políticos.

En éste último caso introdujo el artículo 7 Bis, que regula los requisitos para que un partido obtenga la personería jurídico política; entre ellos acreditar un número de afiliados no inferior al cuatro por mil del padrón de electores del distrito; número que deben mantener como mínimo para conservar la personería (artículo 7 Ter).

La misma ley estableció al modificar el artículo 50 de la ley de partidos políticos que son causales de caducidad de la personería de los partidos -entre otros- no mantener esa afiliación mínima, o no alcanzar en dos elecciones consecutivas el dos por ciento (2 %) del padrón electoral del distrito por el cual compiten. A su vez como en el caso de los partidos nacionales se exige tener personería en cinco de ellos al menos para tenerla con alcance nacional, si la van perdiendo en los distritos por cualquier Causal, puede acarrearle la caducidad de la personería nacional.

Como se puede ver en el acta, la reforma fue rechazada por los diputados del socialismo santafesino y de sus socios en diferentes Pymes electorales nucleadas en el Frente Progresista (también por la UCR, socia hasta hace poco del socialismo), con el argumento de que “era proscriptiva”.

Un argumento que ahora parecen haber desechado en la provincia, por una razón muy sencilla: en el orden nacional son expresiones minoritarias e irrelevantes, que corren riesgo de desaparecer si se sube la vara de las exigencias para sostener un partido político; y en el orden provincial gobiernan desde el 2007, y suponen que los votos (muchos) que fueron perdiendo desde entonces, fueron a parar a esos emprendimientos políticos, en muchos casos unipersonales.

Y de paso crean una cortina de humo (como fue en su momento el ensayo de reforma constitucional, ahora archivado por el urnazo en contra) para tenerlos a todos discutiendo en torno a eso, y no hablar de las verdades razones de su progresiva –pero indetenible debacle electoral, aun en su tradicional reducto municipal rosarino; que son otras que las desastrosas gestiones de gobierno que vienen protagonizando, sin solución de continuidad, y su insoportable levedad e hibridez política al pretender mantener siempre al margen de los grandes debates y dilemas políticos que se plantean en el país; acelerados a partir del experimento neoliberal que se despliega con toda su fuerza desde diciembre del 2015.

NEGACIONISMO CONSECUENTE


El miércoles pasado se registró el penoso paso de Patricia Bullrich por el Senado de la nación, pretendiendo dar explicaciones -que no dio- sobre la desaparición forzada de Santiago Maldonado.

Como sabemos, Bullrich negó todo: la Gendarmería no tuvo nada que ver, no se puede comprobar que haya participado del hecho, no hay certeza de que Santiago haya estado en el lugar, su jefe de gabinete no ordenó la represión dentro de la comunidad mapuche sino que actuaron bajo las órdenes de un juez. Incluso se arrojó sobre la granada asumiendo la defensa irrestricta de los gendarmes, y asumiendo a priori cualquier responsabilidad por el hecho que al mismo tiempo estaba negando

Además de que todas y cada una de sus afirmaciones están desmentidas por los hehcos y las pruebas allegadas a la causa, con cada uno de sus dichos Bullrich no hizo sino confirmar que se trata de un caso de desaparición forzada, al menos tal como la degine el Código Penal en su artículo 142 Ter:“Se impondrá prisión de DIEZ (10) a VEINTICINCO (25) años e inhabilitación absoluta y perpetua para el ejercicio de cualquier función pública y para tareas de seguridad privada, al funcionario público o a la persona o miembro de un grupo de personas que, actuando con la autorización, el apoyo o la aquiescencia del Estado, de cualquier forma, privare de la libertad a una o más personas, cuando este accionar fuera seguido de la falta de información o de la negativa a reconocer dicha privación de libertad o de informar sobre el paradero de la persona.” (las negritas son nuestras)

El texto fue incorporado al Código por la Ley 26.679, aprobada en abril del 2011, con 158 votos a favor, ninguno en contra y tampoco ninguna abstención en la Cámara de Diputados de la nación, pero con muchas ausencias a la hora de la votación: 


Como se ve, la propia Bullrich figura entre los ausentes, junto con algunos colegas suyos actuales funcionarios del gobierno de Macri: Oscar Aguad (ministro de Defensa), Laura Alonso (titular de la Oficina Anticorrupción Kirchnerista), Ricardo Buryaile, Silvia Madjalani (actual número 2 de la AFI), Adrián Pérez (el escamoteador de telegramas del conurbano) y Jorge Triaca (el ministro de Trabajo que va a las mismas de los represores fallecidos)

También Elisa Carrió, la vicepresidenta Gabriela Michetti, el presidente provisional del Senado Federico Pinedo, el embajador en España Ramón Puerta y la segunda marca de “Cambiemos” Margarita Stolbizer.

Pero hay más: antes de eso, en noviembre del 2007 durante el gobierno de Néstor Kirchner el Congreso aprobó la incorporación al Código Penal de los delitos de lesa humanidad tipificados en el Estatuto de Roma, y la convención sobre la desaparición forzada de personas de la ONU, gestada por iniciativa de la Argentina.

La sanción tuvo en Diputados 167 votos favorables, un voto en contra y 15 abstenciones, que pueden ver en ésta otra acta, correspondiente a la sesión de ése día: 


Además del solitario voto en contra de la ex bulldoguista (de López Murphy) Nora Guinzburg, se abstuvieron Paula Bertol (actual funcionaria de la Jefatura de Gabinete encargada de las relaciones con el Congreso), Esteban Bullrich (no sé si lo tienen), otra vez el hoy presidente provisional del Senado Federico Pinedo y Jorge Vanossi, el jurista todo terreno proveniente de la UCR que hace poco -sin ir más lejos- elogió el fallo de la Corte concediendo el “2x1” a los genocidas.

Como vimos acá, también se habían abstenido a la hora de votar la ley que prohíbe indultar, amnistiar o conmutarles las penas a los condenados en casos de delitos de lesa humanidad.

Si hay algo que no se les puede dejar de reconocer, es la coherencia.