LA FRASE

"SI UN PERRO DE LA GENDARMERÍA MUERDE A UN DIPUTADO, HABRÁ QUE TOMAR COMO CRITERIO DE VERDAD LO QUE DIGA EL PERRO, A MENOS QUE SEA VERBITSKY." (PATRICIA BULLRICH)

miércoles, 16 de marzo de 2016

LAS POLÍTICAS DE ESTADO DE GRIESA Y PAUL SINGER


Tal y como se preveía, pero con una mayoría aun más amplia que en los cálculos previos Diputados dio media sanción a la ley que aprueba el acuerdo con los fondos buitres y abre el ciclo para el nuevo (y veloz) re-endeudamiento externo del país.

Como es costumbre de este blog, en una entrada posterior vamos a consignar las actas de la votación para que sepamos quienes levantaron la manito para convalidar la rendición incondicional del Estado argentino frente a lo peor del capitalismo financiero internacional: es lo menos que se merecen. También permitirá medir la intensidad de la fractura hacia el interior del FPV/PJ.

Antes, Diputados había rechazado casi por los mismos números la propuesta del bloque del FPV de llamar a consulta popular en los términos del artículo 40 de la Constitución, para que los ciudadanos nos expidiéramos a favor o en contra del proyecto. Como autocrítica, se trabajó tarde y a destiempo en la idea, y nunca se hizo demasiado esfuerzo político para que prendiera y se instalara en la sociedad.

Aun así no deja de sorprender como la “grieta” (esa que iba a desaparecer, y está más viva que nunca) llevó a autotitulados “progresistas” a votar en contra incluso de la posibilidad de la participación popular, en una cuestión tan trascendente para los destinos del país: las Liebres del Sur, el GEN, el socialismo y el monobloque de Proyecto Sur votaron en contra, y los troscos se abstuvieron.

El paso del proyecto por las comisiones y el recinto fue una farsa, desde el principio al fin, y los números de la votación dejan claro que la historia se repetirá en el Senado, sea porque anticipen lo que allí va a pasar, o porque lo condicionen.

Flojitos de convicciones los muchachos: ni siquiera hicieron falta cuatro tapas de Clarín, los corrió la extorsión pública de Macri en un reportaje con Majul, lo cual es todo un símbolo de degradación política.

A medida que pasaban los días y se acercaba la “dead line” del 14 de abril (impuesta por Paul Singer, y convalidada por Griesa y el gobierno de Macri: la fecha ni siquiera rige para el conjunto de los acreedores que acordaron) crecían las dudas sobra la consistencia jurídica del acuerdo; un auténtico salto al vacío por sus implicancias futuras, en la economía y la vida cotidiana de los argentinos.

Y sin embargo, al mismo tiempo y con la misma intensidad crecía el “consenso” en torno a la necesidad de aprobarlo, porque como decíamos acá  se quebró el consenso pasivo que imperó en el kirchnerismo sobre los beneficios de que el país se desendeude y gane márgenes de autonomía para diseñar su política económica.

Por el contrario, hoy son amplia mayoría los que compraron y repiten el catecismo de que endeudarse no solo es bueno, sino pre condición necesaria para el crecimiento. Un octogenario y senil juez yanqui y un millonario especulador lograron -por fin- unir a buena parte cdel arco político nacional en una verdadera “política de Estado”.

Parte de la farsa legislativa fueron los “cambios” introducidos por el gobierno al proyecto original, a pedido fundamentalmente de los bloques de Massa y Bossio: si se los mira en un contexto en el que todos tenían tomada ya de antemano la decisión de aprobar el acuerdo, se verá que no fueron más que el maquillaje que trató de cubrir la claudicación, la funcionalidad a la estrategia del oficialismo, el transfuguismo de muchos y la deserción del mandato opositor que recibieron todos.

Ninguna de las dudas que suscita el proyecto habrán de ser despejadas por los “agregados” que el gobierno aceptó hacerle a pedido de los “colaboracionistas” y lo saben; a punto tal que asistimos al insólito espectáculo de un proyecto bochornoso, que a los primeros que avergüenza -al menos si nos atenemos a sus expresiones públicas- es a buena parte de los que lo acompañaron con su voto.

Los que por años criticaron al kirchnerismo por haber convertido al Congreso en una “escribanía del Poder Ejecutivo” lo convirtieron en otra escribanía, en éste caso de Paul Singer y Griesa; que ayer mismo y en pleno debate legislativo emitió una ridícula resolución calificando al acuerdo como “esencial para la salud económica del país”, como si fuera una especie de calificadora de riesgo, y no un juez.

Habrá que cargar en la cuenta de los primeros 100 días de gobierno de Macri su decisión de no ahorrarle ninguna humillación a la dignidad nacional, y pasamos de estar “preocupados por como nos ven el mundo” y por “estar aislados”, a borrar con el codo de una ley del Congreso votada a tambor batiente y con un cronograma impuesto por los más recalcitrantes fondos buitres, otra ley del Congreso argentino sancionada hace apenas cuatro meses; en la que declarábamos de orden público de nuestro sistema jurídico, los principios de reestructuración de deudas soberanas apoyados por 136 países miembros de la ONU, a pedido nuestro.

Si nos atenemos a los números de la votación, volvimos al “país normal” que implosionó en el 2001, del que el kirchnerismo habría sido -al parecer- apenas un paréntesis o una inesperada anomalía; y del que se aspira a excluirlo en el futuro: “Derrota K en Diputados” titula hoy Clarín en tapa, cuando en rigor la derrota es del país.

Habrá que ver si en la sociedad se replica el extendido consenso del Congreso expresado en los números de la votación en Diputados, o si el sistema político vuelve a girar en el vacío, frente a un electorado que le da márgenes de autonomía volviendo a refugiarse en las preocupaciones de su vida cotidiana; lo que sería un triunfo absoluto del menemismo (en tanto expresión política predominante de los nefastos 90’), en términos culturales.

Por contraste con el apasionamiento con el que -de un lado y otro de la “grieta”- se vivieron los grandes debates políticos de la década kirchnerista, no hay reacción social generalizada contra esta ostensible claudicación en la defensa de los intereses nacionales, ni nada indica que la vaya a haber en lo inmediato.

En algún punto es lógico porque la gente tiene otras preocupaciones cotidianas más apremiantes (el salario, el empleo, la inflación), y porque no es tan sencillo hacerle entender que lo que se está discutiendo en el Congreso impacta de un modo directo justamente en esas cuestiones que le preocupan: ya decíamos acá en tren de autocrítica que nunca logramos termina de explicar claramente la gravitación de la deuda en los destinos del país.

Los efectos económicos y sociales del acuerdo buitre a futuro son más o menos sencillos de predecir, porque ya se vivieron otras veces con esta misma disyuntiva, y con parecidas amenazas de calamidades y promesas de paraísos con las que hoy nos quieren convencer de que es bueno para el país y para su gente.

Los efectos políticos -en cambio- todavía están por verse.

1 comentario:

Anónimo dijo...

La lista de los colaboracionistas habrá que tenerla siempre presente.