LA FRASE

"ESTAMOS A FAVOR DEL VOTO ELECTRÓNICO PORQUE ES PREFERIBLE QUE EL ESCRUTINIO YA VENGA HECHO POR UNA MÁQUINA, ANTES QUE TENER A UN MONTÓN DE EMPLEADOS PÚBLICOS COBRANDO HORAS EXTRAS POR MIRAR UNA PANTALLA SIN HACER NADA." (ADRIÁN PÉREZ)

miércoles, 13 de julio de 2016

PERTENECER TIENE SUS PRIVILEGIOS


Si el episodio tarifazo está derrumbando a pasos agigantados el mito de la eficiencia del “gobierno de los CEO´s”, el manejo de las cuentas públicas, las estadísticas y las variables macroeconómicas del gobierno de Macri se está llevando puesta buena parte de las falacias centrales del pensamiento neoliberal.

Ese discurso único, casi monolítico, que plantea que hay una racionalidad económica inmanente que determina un único camino posible y califica como irracional todo intento de explorar otros es -en realidad- una cobertura seudo institucional y seudo académica para políticas económicas concretas, que tutelan intereses de grupos económicos también concretos, del país y del exterior.

Durante la experiencia kirchnerista y en general en cualquier caso en que se ensayaron políticas heterodoxas apartadas de los mandatos de “la cátedra”, llovían las objeciones por las presuntas inconsistencias de casi todo: desde las estadísticas públicas hasta el manejo de las cuentas del fisco o su contabilización, todo era puesto en entredicho. Otro tanto pasaba con las políticas macroeconómicas, a partir de truchadas legitimadas por los economistas “serios” como el “riesgo país”, las calificadoras de riesgo o las “calificaciones de la deuda soberana”.

Así se daba el contrasentido -por ejemplo- de que un país que crecía a tasas chinas, tenía bajo nivel de endeudamiento y pagaba religiosamente durante años sus compromisos externos (como la Argentina durante el kirchnerismo) fuera “mal calificado” y no obtuviera el famoso “investment grade” (grado de inversión), una especie de certificado de aptitud para poder recibir inversiones.

Era el precio a pagar por haber seguido políticas heterodoxas, prescindiendo de los consejos del FMI y -sobre todo- por haber reestructurado la deuda defaulteada con una sustancial quita sobre el capital y los intereses; camino ahora drásticamente desandado por el gobierno de Macri. También por supuesto por haber adoptado medidas que van en contra del “manual de estilo” del neoliberalismo, como los controles sobre el flujo de capitales, o el mercado de divisas.

En cambio cuando el neoliberalismo gobierna (como ahora con Macri) lo que hasta ayer era imperdonable o conducía al desastre, hoy es relativizado; y lo que antes valía “mociones de censura” del FMI hoy causa “impresión por los avances”.

El gobierno anunció -por boca de Stuzxenegger y Prat Gay- un esquema de “metas de inflación”, palabras gratas al oído del FMI, los “mercados y las calificadoras de riesgo, si las hay. Pues bien, la realidad indica que ninguna de las metas anunciadas está siquiera cerca de cumplirse en lo inmediato: la inflación terminará siendo este año cerca del doble que la heredada del kirchnerismo en 2015, el PBI caerá a pique y las metas fiscales -dicho esto por los propios economistas y gurúes de la city- son de imposible cumplimiento para éste año, y muy dudoso para los venideros.

Vemos acá como se usarán los fondos que ingresen por el blanqueo (fuente contingente de ingresos, que no se dispondrá en años sucesivos) para cerrar el agujero fiscal en un déficit cercano al 4,8 % del PBI, este último a su vez “toqueteado” por Todesca para hacerle más fácil al gobierno el cumplimiento de las metas. Un gobierno que en su “revisionismo estadístico” (que abarcó la retrospectiva del PBI en los años del kirchnerismo) terminó reconociendo que el déficit del año pasado no fue del 7,1 % como sostuvo Prat Gay, ni de cerca.

Lo que supone que éste año y muy probablemente el próximo, el déficit fiscal respecto al heredado del kirchnerismo no cederá, y por el contrario será mayor. Entre otras cuestiones -que por supuesto se ocultan- porque la caída de la actividad económica impacta en la recaudación, y porque los tarifazos fueron del bolsillo de los contribuyentes, a los de las petroleras y empresas concesionarias; sin aliviar a los del Estado vía baja sustancia de los subsidios.

Además la famosa “política de contracción monetaria del Banco Central” es un cuento, porque la asistencia al Tesoro para financiar su déficit (otro anatema en tiempos kirchneristas) es mayor que en el gobierno de Cristina, mientras va renovando la bola de nieve de las LEBAC’s pero debe emitir para cancelar los intereses y porque el gobierno toma dólares vía deuda, y el BCRA debe emitir pesos para comprárselos.

Y sin embargo, los “mercados” reaccionan positivamente, el riesgo país baja y las ADR`s (los precios de las acciones y activos  argentinos que cotizan en el exterior) vuelan. Ocurre que el gobierno está siguiendo al pie de la letra el manual: apertura de la cuenta capital y eliminación de toda forma de control de la entrada y salida de capitales y divisas, desregulación financiera, endeudamiento para financiar el déficit y la fuga de capitales.

Otro tanto sucede con las estadísticas públicas: el nuevo IPC urbano estrenado en el final del kirchnerismo (que medía precios en todo el país) contó con el asesoramiento técnico del FMI, que reconoció en documentos internos su validez. Los nuevos mamarrachos de Todesca son cuestionados desde todos lados (ni siquiera se sabe a ciencia cierta con que metodología fue confeccionado el nuevo índice, limitado además al AMBA), pero el FMI está a punto de levantar su “moción de censura” contra el país, reanuda las revisiones de la economía previstas en el artículo IV de su carta (suspendidas durante el kirchnerismo) y sus funcionarios se manifiestan “asombrados” por los grandes progresos que ha hecho Macri en lo que lleva de su gobierno; siendo que ningún indicador macroeconómico le da bien al gobierno, ni siquiera aquellos en los que el neoliberalismo pone siempre prioritariamente el foco, como la inflación o el déficit fiscal.

Por el contrario, los “mercados” están tranquilos porque el agujero en las cuentas fiscales (agrandado, reiteramos, por exenciones fiscales a los grupos más concentrados, y la recesión autoprovocada por el gobierno) se cubrirá con deuda, mientras las calificadoras cumplen su parte bajando el “riesgo país”, o mejorando la nota de la deuda de un país que se re-endeuda velozmente en moneda dura; mientras no se preguntan si a mediano plazo tiene capacidad de repago de esa deuda, y se puede verificar que el combo devaluación + eliminación de retenciones (medidas recomendadas por esa misma ortodoxia) no ha producido un boom exportador, no mucho menos.

Lo importante es facilitarle el endeudamiento, por el cual los bancos y calificadoras cobran jugosas comisiones, y con bonos que luego los mismos bancos negocian en el mercado secundario, con importantes réditos.


Es decir un cúmulo de truchadas insostenibles si se las analiza seriamente con estadísticas y ejemplos históricos a la mano, pero que a un gobierno “market friendly” como el de Macri se le toleran, porque garantiza los negocios que hay que garantizar. Ocurre que en esto también -como dicen las publicidades de las tarjetas de crédito- pertenecer tiene sus privilegios.

1 comentario:

Anónimo dijo...

ALEGRIA ALEGRIA!!!! YA NO HAY LIMITES MENSUALES A LA COMPRA DE DÓLARES! VIVA LA PATRIA AUNQUE YO ME ANGUSTIE! (lo dijo el Sargento Cabral o el presidente mau?). Estamos viviendo el peor saqueo de la historia. Matías