lunes, 25 de septiembre de 2017

LO QUE CUESTA EN LA ARGENTINA HABLAR DE CIERTAS COSAS


Sobre el siempre espinoso asunto del “costo argentino” leíamos días pasados esta interesante nota en El Cronista en la que se relevaba la opinión de diferentes sectores empresarios dando su opinión sobre cuáles son los factores que lo conforman, o que inciden en él. Transcribimos los párrafos que nos parecieron más interesantes (las negritas son nuestras)

Que Argentina es cara en dólares en relación con economías de similar envergadura es una verdad a esta altura irrefutable. La razón, un misterio insondable. Las empresas coinciden en apuntar al Estado como el canalla de la película por la alta presión fiscal, los aportes sobre el salario y la magra infraestructura. Pero en el interior de la tribuna patronal también se esbozan acusaciones cruzadas: los productores señalan a las cadenas comerciales; los comerciantes a la logística y los transportistas a los márgenes sin control de la cadena. Como en el cuento del Gran Bonete, nadie es responsable.

Aquel trabajo de la CAC, preparado durante más de un año, intentó abordar el problema con un análisis de siete productos testigo como autos, lavarropas, manzana, vino, leche, textiles y medicamentos genéricos. La primera conclusión subrayada por la entidad que preside Jorge Di Fiori fue contundente: "El margen comercial suele ubicarse según los parámetros internacionales", sentencia uno de sus principales títulos, descartando la posibilidad de que el afán de incrementar la utilidad explique aunque sea parte del problema.

“Otra causa de la carestía identificada por las empresas es el costo laboral, aunque quizás por corrección política se habla del "no salarial", en alusión a las cargas patronales y no específicamente a la remuneración de bolsillo. Esta, sin embargo, también está en la mira.

“El informe de la CAC Costo Argentino lo consigna con claridad. Según el análisis -que para este capítulo tomó como base los datos recopilados por FIEL- el peso conjunto de "aportes, contribuciones y cargas en el salario" representan un 35,3%, lo que ubica al país en un lugar top del continente. Pero el costo de la hora trabajo en dólares, también encumbra al país: 15,1 dólares la hora promedio, el doble que hace veinte años.

Los sectores textiles y automotrices están entre los más comprometidos, según el informe. El primero, con un salario mensual promedio de u$s 1300 para los formalizados, muy por encima de otros países exportadores de telas y confecciones; el segundo, porque las terminales locales son las que mejor remuneran del continente. Lo que el trabajo de CAC no precisa es cuál es la incidencia de los salarios en la estructura de costos, ni otra cuestión emparentada: el nivel de remuneraciones está ligado al nivel general de precios y reducirlas implica desalentar el mercado interno, también abastecido por esas industrias.”

Un país muy competitivo en casi todos los rubros como los Estados Unidos hoy muestra un nivel de distribución del ingreso mejor que el local: 67% del ingreso va al sector asalariado, contra el 54% que asigna la economía Argentina. Es difícil que los sueldos de los trabajadores formales expliquen per se el problema.

Para abaratar el costo laboral por ahora el ministerio de Trabajo descartó una modificación a la ley de Contrato de Trabajo, políticamente mucho más controvertida. Según explicó Jorge Triaca se trabajará sobre los convenios colectivos sectoriales, camino más paciente pero eficaz para relajar condiciones laborales sin el trauma de confrontar con un frente sindical compacto, como la CGT.

La idea es extender paulatinamente a todos los rubros los acuerdos "de productividad" firmados con sindicatos petroleros para la explotación de Vaca Muerta, que limita la cantidad de personal para ciertas tareas y restringe otras prerrogativas de los trabajadores. Propiciar desde la cartera laboral acuerdos de este tipo es para el Gobierno un atajo diplomático para abaratar salarios.

La nota entonces nos deja varias conclusiones, muy interesantes, y que hacen al nudo central del programa económico de “Cambiemos” que es transferir recursos de la fuerza de trabajo al capital, a saber:

* Existencia una resistencia feroz del sector empresarial a discutir sus niveles de rentabilidad, o a mostrar números al respecto; al extremo de trasladar responsabilidades hacia otros sectores por el punto, pero de ninguna manera aceptarán jamás ponerlo en debate.

* Tampoco aceptarán jamás -ya que ni siquiera quieren discutir el problema- que se lo encare a través de fuertes regulaciones estatales, sea combatiendo abuso de posiciones dominantes o monopólicas, regulando precios de transferencia o márgenes de utilidad sobre costos, a punto tal que apenas llegó este gobierno al poder los eximió de toda obligación de informar al Estado sobre la conformación y evolución de los componentes que conforman esos costos. 

* La negativa a brindar a información al respecto o a que esta sea accesible es la razón primordial por la cual -por ejemplo- se opusieron de plano a los proyectos para reglamentar el artículo 14 Bis de la Constitución en cuanto a la participación de los trabajadores en las ganancias de las empresas: significaba compartir con los sindicatos información crucial para encarar la disputa por la distribución del ingreso entre el capital y el trabajo.

* Sin elevados (o elevadísimos) niveles de rentabilidad en función del capital invertido en distintos sectores de la economía, serían incomprensibles los excedentes que se transforman -históricamente- en especulación financiera y fuga de capitales; aunque una parte del fenómeno pueda explicarse por la evasión impositiva.

* Cuando se habla del “costo laboral” se apela a los eufemismos de la "industria del juicio" o las cargas sociales mal llamadas "impuestos al trabajo", pero de lo que nunca se habla (al menos en público) es del salario, que es lo que verdaderamente importa. 

* El costo salarial medido en dólares de la fuerza de trabajo es el indicador por excelencia que los dueños del capital tienen en cuenta, y a partir del cual comienzan a hablar de “pérdida de competitividad”, o de la necesidad de "mejorar la productividad"; y a presionar para modificar el tipo de cambio, de modo de licuar el salario en dólares, para mejorar su tasa de ganancia. El fenómeno se acentúa en países como el nuestro con alto grado de extranjerización en la propiedad de las principales empresas, y compañías multinacionales que operan simultáneamente acá y en otros países con regulaciones laborales más flexibles y menor tradición de organización sindical.

* La reforma laboral apunta (aunque no se lo diga con todas las letras) a ese punto en representación de al menos una fracción de esa clase. Si los números de la elección se lo permitieran, encararían el problema yendo directamente al nudo del mismo: introducir reformas flexibilizadoras en la ley de contrato de trabajo, y en el régimen de las convenciones colectivas de trabajo de la Ley 14.250. Ver al respecto esta nota en Infobae, y esta otra en La Nación (ambas de ayer) para despejar toda duda.

* Si eso se dificultara en términos políticos y sociales por la previsible resistencia, y tal como se da cuenta en la nota, irán por una reforma “hormiga” que encare la flexibilización sector por sector (como ya lo están haciendo con petroleros y la industria automotriz, autopartista y metalmecánica), aprovechando aquellos que están más debilitados por la pérdida de puestos de trabajo, real o latente.

* De allí que el sostenimiento de niveles elevados de desempleo en relación con los tiempos del kirchnerismo es crucial para esta estrategia, porque coloca a la fuerza de trabajo en condiciones desfavorables para defender el nivel de los salarios, que es defender nivel de vida, consumo y acceso a bienes esenciales.

* Por eso esperar que este modelo cree empleo abundante, de calidad y bien remunerado es absurdo: no está en condiciones de hacerlo por los sectores en los que apalanca sus expectativas de crecimiento (el campo, la minería, la energía y el sector financiero); y porque sostener un abundante ejército de reserva de desempleados dispuestos a aceptar condiciones más gravosas de trabajo y remuneración, con tal de acceder a un trabajo. 

2 comentarios:

  1. ¿"Desmesurada presión fiscal"? Yo no sé si se hacen los bobos o realmente no tienen la más pálida idea de cómo es en otros países (especialmente en los "países serios" a los que tanto les gusta citar como modelo).

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  2. Que no van a saber. Se hacen los boludos.

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